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El columnismo reverdece

El periodista de EL MUNDO, Raúl del Pozo recibió un homenaje en el congreso ‘La Literatura de Diario’ organizado por la Fundación GG Garabito y la Asociación de la Prensa de Valladolid.

La columna es un género ahora reverdecido y en pleno auge en el que se trenzan y equilibran la poética y la política para dar a cada lector "ese lado oculto de la Luna".  ​Y sin embargo, hay lugar para el romanticismo más allá de la leyenda del recado de escribir; para defender la columna literaria como ese "espacio conquistado en el periódico" donde hay que "amar a las palabras como a las bellas mujeres", que aconseja Raúl del Pozo en las horas previas a su homenaje en Valladolid. Y es que sobre el columnismo y sus márgenes se debate en la Universidad de Valladolid dentro del congreso 'La Literatura de Diario', organizado por la Fundación GG Garabito y la Asociación de la Prensa de la localidad, y que termina en la Facultad de Filosofía y Letras de la capital pinciana con la presencia de referentes y expertos. Sucede que la columna, esa "singularidad" patria que comenta el periodista y columnista de EL MUNDO Antonio Lucas, es un género ahora reverdecido y en pleno auge en el que se trenzan y equilibran la poética y la política para dar a cada lector "ese lado oculto de la Luna". 
 
Lo literario es hoy el valor añadido del periódico La columna, "vicio español"  que refiere Raúl del Pozo, suscita, claro, debates apasionados donde hay un frontispicio y un quórum que ya acuñó Manuel Alcántara: "No aburrir a Dios sobre todas las cosas". Porque si bien la columna ya no se hace con bufanda, y las nuevas tecnologías amplifican ese concepto de "plaza mediterránea" que es el artículo periodístico al entender de Lucas, en Valladolid ha quedado claro que lo literario es hoy el valor añadido del periódico.  
 
Aunque en el congreso se hayan abordado las particularidades de la columna cultural en tiempo de crisis, hay una certeza primaveral que viene a hablarnos de una nueva edad dorada del género y del periodismo sobre Cultura, como sostiene Carlos Aganzo. Posiblemente sea verdad que la crisis flota como una realidad y que el columnista debe ser más social y menos político, pero nombres como Jorge Bustos muestran en este diario que la columna tiene remozados bríos.   
 
En todo caso, el columnista –y se ha insistido en las jornadas– contrae un compromiso ético y estético con su tiempo y sus lectores que Antonio Lucas cifra en ofrecerles, "modestamente", su "bengala de alerta". Se ha dicho en Valladolid que la agitación del presente ha reavivado al columnismo, o que se asiste en la actualidad a un tiempo tan apasionante para el periodismo de opinión como en aquellos años de Suárez, de cigarrillos y negritas. Lógico que siendo en Valladolid, y tratándose de la columna como objeto,  flotase por el salón de actos el ánima de Paco Umbral, a quien se rinde un creativo recuerdo a través de unos talleres y de un concurso de columnismo.  
 
Puede que Twitter haya variado sensiblemente el modo de entender el artículo literario de opinión, pero en las nuevas generaciones late con fuerza esa voluntad de estilo por "contarle al lector lo que le pasa", con "el ruido de la calle" y el precepto de no sermonearle. Es lo que destaca Del Pozo en su voluntad diaria en EL MUNDO, entre un público que apenas roza la veintena y que ya ha leído y tuiteado a César Gónzález-Ruano.