• 21 millones

    de seguidores diarios

  • Líder de Prensa

    digital en España

  • Una amplia gama

    en revistas líderes en su segmento

Noticias

'El tiempo reversible', de Francisco Umbral

El director de EL MUNDO, Casimiro García-Abadillo, presenta el volumen 'El tiempo reversible' (Círculo de tiza), que reúne un centenar de sus columnas, plenas de actualidad en nuestros días.

​Hay escritores de periódico para los que la columna es la de los azotes; el viejo Alfonso Sánchez la veía como la última forma de esclavitud permitida. Francisco Umbral, que –con la aparente normalidad de quien va a comprar el pan– hizo de la columna periodística un santo y seña personal, una cumbre de su literatura y una adicción para sus lectores, debía de gozar escribiendo. Esa impresión daba al menos, y eso provocaba –la sensación de gozo– en quienes le leían. Que siempre fueron legión.  
 
Círculo de Tiza, ha puesto tapas a un centenar de ellas (50 publicadas en 'El País'; 50 en EL MUNDO) Como sus artículos nunca fueron de hoja caduca, sino perenne, una joven editorial, Círculo de Tiza, ha puesto tapas a un centenar de ellas (50 publicadas en 'El País'; 50 en EL MUNDO) y las ha lanzado para que sigan siendo disfrutadas, con el título de 'El tiempo reversible'. El volumen se presentó ayer en el Círculo de Bellas Artes por el director de EL MUNDO, Casimiro García-Abadillo; el hombre orquesta de 'El País', Juan Cruz, y los más o menos cachorros umbralianos Antonio Lucas, autor del prólogo, y Manuel Jabois.  
 
"Estaba en la facultad a mediados de los 70, y Umbral era quien me impulsaba al quiosco para comprar el periódico y leer sus artículos", recordó García-Abadillo "Estaba en la facultad a mediados de los 70, y Umbral era quien me impulsaba al quiosco para comprar el periódico y leer sus artículos", recordó García-Abadillo, que ensalzó aquella capacidad tan personal de Umbral de subir a los palacios y bajar a las cabañas, quiere decirse, de hablar con el presidente del gobierno (en el Congreso, sí, pero en el bar), aquel Adolfo Suárez que le fascinaba, y largarse luego a un concierto de Ramoncín o de Alaska, todavía con los Pegamoides, o de hablar con Lola Flores y escribir un artículo con el lenguaje de La Faraona.  
 
A Lola Flores la incluyó en un Diccionario de Literatura. Con un par. Inagotable Umbral; imprescindible Umbral. Con un par también le soltó una vez a alguien que se interesó por su verdadero apellido (ahora hemos sabido la verdadera historia del nombre del padre), apellido que no era Umbral y Pérez sólo por imperativo legal, que, como las putas, convenía tener otro nombre. "Era absolutamente abierto. Le gustaba ver y sabía escuchar", dijo Casimiro García-Abadillo, antes de revelar la anécdota anterior.  
 
"Umbral generó un ritmo sin el cual ya es imposible contar la vida en los periódicos", dijo por su parte Juan Cruz. "Los jóvenes periodistas se miden con él, lo que es más arriesgado de lo que fue para Goethe medirse con el mar", añadió.   De la vasta obra umbraliana, Juan Cruz, y no está solo en ello, mostró su predilección ("soy devoto", dijo) por Mortal y rosa, "ese pálpito humano, esa herida que es un poema y una crónica del dolor de nuestro tiempo; muchos abrazamos a Umbral por ese libro que es testimonio de lo que nosotros perdimos".  
 
Felizmente, Umbral no ha pasado por esa etapa característica de desaparición que sobreviene tras la muerte de los escritores, ese limbo cuando ya no tienen novedades para el Día del Libro y todavía no están en los manuales. "Le leemos como memoria viva, no como arqueología, y sigue generando leyendas", dijo Antonio Lucas, aludiendo con lo último a su secreto familiar recién desvelado. "No se le perdonó en vida lo que hoy le perdonamos, porque ahora le leemos con más placer y menos prejuicio", añadió Lucas.  
 
Usaba la máquina de escribir como los que hacían canción protesta usaban la guitarra, dijo también Lucas. Con la guitarra Olivetti nos sigue diciendo: "No cedáis". "Nos enseñó que sin lenguaje no somos nada", remató Lucas con conocimiento de causa.  
 
"No envidio tanto su estilo como su mirada a la espalda de la realidad, su forma original de ver las cosas", dijo Manuel Jabois. Jabois, que tuvo un guiño umbraliano ("voy a hablar de mí"), afirmó que, cuando tiene que escribir, piensa en qué detalles se fijaría Umbral.  
 
Inagotable, imprescindible Umbral, cabalgando después de muerto como un Cid chuleta y madriles. Nuestro Baudelaire, como dijo la editora Eva Serrano; cantor de la utopía del 76 y del desencanto de cuando los rojos de Felipe González se volvieron infrarrojos. Sus crónicas de cuando entonces siguen vivas.