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Entrenadores de la vida

David Casinos, el mejor lanzador ciego de la historia, traslada sus valores y las claves de su éxito a los alumnos del Máster de Periodismo de MARCA.

​“Cuando tenía 25 años fui al oftalmólogo a una revisión y me dijo que me iba a quedar ciego. Un mes después no veía nada. Fue un golpe durísimo, pensaba que mi vida se había terminado. Estaba como en una sillita de madera. Hoy estoy sentado, pero en la silla de un avión viajando por todo el mundo”. Así explica David Casinos, el mejor lanzador ciego de la historia, cómo la vida le cambiaba el rumbo sin pedir permiso hace ya 18 años. Hasta entonces trabajaba en una multinacional y su día a día era como el de cualquier joven de su edad. Pero tocaba empezar de cero. 
 
“Jamás pensé que me convertiría en un deportista de élite. Ni siquiera conocía los deportes paralímpicos”, reconoce. Pero descubrió en el atletismo su pasión, el motor de su vida, y gracias al método de “entrenamiento Aragonés, basado en lanzar, lanzar y lanzar”, David ha conquistado cuatro oros paralímpicos: tres en peso (Sidney, Atenas y Pekín) y uno en disco en los Juegos de Londres.  
 
Asumir la ceguera no fue fácil pero poco a poco fue aprendiendo a convivir con ella y en la actualidad desprende un optimismo que contagia.  
 
“Jamás pensé que me convertiría en un deportista de élite. Ni siquiera conocía los deportes paralímpicos” “Me ha impresionado su espíritu de superación y me he emocionado varias veces con algunas cosas que ha comentado. Nos quejamos en nuestro día a día por problemas absurdos y ver a gente con problemas así y que sea capaz de superarse y de ser tan optimista es ejemplar para todos”, dice María Medina, una de las alumnas del Master de Periodismo de MARCA que ayer asistió a una clase del maestro de la vida Casinos. “Sabíamos de sus medallas pero no de su vida y es todo un ejemplo de superación”, añade Cristina de la Hoz.  
 
No son las únicas a las que ha impresionado. Hace tiempo, dio una charla en un reformatorio y meses después se encontró a un chico que le dijo que escucharle le había cambiado la vida. “Había empezado a estudiar y se había dado cuenta de que tenía que salir de esa parte oscura de su vida”, cuenta David.  
 
Hace tiempo, dio una charla en un reformatorio y meses después se encontró a un chico que le dijo que escucharle le había cambiado la vida “La vida siempre te ofrece una segunda oportunidad. Eso tiene que quedaros grabado a fuego. La llave del éxito la tenemos nosotros”, repite el atleta a los alumnos. Él supo aprovechar la suya y quiere que todos lo hagan, que aprendan a superar los obstáculos, a levantarse tras cada caída.  
 
La historia de David es una inspiración para la sociedad como lo es la de tantos otros deportistas paralímpicos que se están formando para dar charlas en empresas o instituciones y labrarse así una salida laboral cuando dejen la competición.  
 
El esquiador Jon Santacana, con ocho medallas en Juegos Paralímpicos, dará cuatro en los próximos 20 días. “No somos profesores ni coaches. Hay gente que se forma para sacar lo mejor de otras personas pero nuestras experiencias de superación de la discapacidad son reales. No vamos a contar una milonga sino a transmitir los valores del deporte paralímpico. Podemos ayudar a la gente a gestionar momentos de crisis, a fomentar la confianza, a trabajar en equipo o a conseguir sus objetivos. Todo eso es aplicable a la empresa”, explica Santacana.