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Los retos del sector agroalimentario

EXPANSIÓN reunió a un grupo de expertos que destacaron la importancia estratégica de este segmento y reclaman una mayor inversión en investigación para salir al exterior.

​El sector agroalimentario español genera un 8,8% del PIB (Producto Interior Bruto), mueve una cifra de negocio de aproximadamente 100.000 millones de euros y da empleo a 2,3 millones de personas. Sin embargo, y pese a tratarse del segundo motor económico del país, la inversión de los fondos de capital riesgo en investigación e I+D en esta industria es mínima. Según los datos de Sodena (Sociedad de Desarrollo de Navarra), de los 320 millones de euros que levantaron las star tups tecnológicas en España en 2014, apenas 8,5 millones fueron a parar a alimentación.  
 
 
El sector agroalimentario español genera un 8,8% del PIB y mueve una cifra de negocio de aproximadamente 100.000 millones de euros Para analizar el porqué de ese déficit de inversión y con el objeto de poner sobre la mesa los principales retos que ha de afrontar el sector en los próximos años, el diario EXPANSIÓN y Orizont, la aceleradora de start ups del sector agroalimentario de Sodena, convocaron un encuentro que contó con la presencia de reputados profesionales del sector como Jaime Lobera, Chief Marketing & Sales Officer (Jefe de Marketing y Ventas) de Campofrío; Carlos Moro, presidente del Grupo Matarromera; Daniel Palacio, director general de Tutti Pasta; Carlos Fernández, gerente de la sociedad pública Sodena-CEIN; Paula Sancho, directora de Finaves II (IESE); Alejandro Gortari, socio de Transearch International, y Joaquín Felipe, chef y asesor del restaurante Aspen La Moraleja.  
 
 
Si en algo coincidieron todos los ponentes fue en la importancia capital que tiene este sector para el conjunto del Estado. “La industria agroalimentaria, en un país como el nuestro con grandes materias primas, tiene un enorme valor”, destacó Jaime Lobera.
 
 
 Una opinión compartida por el presidente del Grupo Matarromera, para quien esta industria “debería ser un sector estratégico en España”. Para ello, los expertos incidieron en la necesidad de que, en primer lugar, el sector gane tamaño, es decir, que las pequeñas empresas artesanas se fusionen entre sí para ganar fuerza. “Se trata de un sector muy atomizado. Tenemos grandes compañías que conviven con otras muy pequeñas de origen familiar. Y estas últimas son muy reacias a crecer”, aseguró Carlos Fernández. Además, reclamaron una mayor iniciativa a la hora de emprender en un sector por el que tan sólo tres de cada cien nuevos emprendedores se decanta.
 
 
Si en algo coincidieron todos los ponentes fue en la importancia capital que tiene este sector para el conjunto del EstadoEn este sentido, Paula Sancho puso como ejemplo el éxito que están cosechando las start ups de base tecnológica que, en muchas ocasiones, van de la mano de las grandes empresas a la hora de poner en marcha proyectos. “Para que la industria sea competitiva tiene que apoyarse tanto en un emprendimiento interno como en uno externo. Esto implica un cambio de cultura en las organizaciones” subrayó. “La combinación de una start up con una gran empresa es una combinación ganadora”, añadió la representante del IESE. No opinó lo mismo el chef del restaurante Aspen La Moraleja, para quien “es muy dificil que las grandes compañías puedan llegar a poner en valor a los pequeños productores”. “Están muy exigidas por las cifras, algo que no es tan importante para los productores artesanos que le dedican más tiempo y cariño a sus productos”, añadió.
 
 
La internacionalización es, a juicio de los participantes en el debate, la gran asignatura pendiente de las compañías de alimentación españolas. “El plano internacional es una tarea muy mal hecha por España, por las administraciones y por los empresarios”, destacó Carlos Moro, para quien la innovación es otro de los puntos débiles de esta industria. “El sector agroalimentario necesita potenciar la investigación y nos falta gente decidida y con ganas de lanzarse a otros países”, subrayó. Un ejemplo de esta fama de mal vendedor que tiene España es el hecho de que dos de los productos estrella del sector agrario nacional como son el vino y el aceite se acaben vendiendo a granel a otros países que lo envasan y etiquetan, generalmente, sin citar su procedencia. Para Alejandro Gortari, las empresas españolas necesitan “repensar el modo que tienen de vender fuera”. “Los procesos de internacionalización son muy largos y hay que tener muy claros los objetivos. Hay productos que se pueden internacionalizar y otros que no”, indicó el socio de Transearch International.
 
 
Para otras firmas, como es el caso de Tutti Pasta, la crisis económica ha servido de acicate para lanzarse a la conquista de otros mercados. “Muchos hemos tenido que salir fuera porque no había más remedio. En España las ventas caían y los márgenes se estrechaban”, aseguró Daniel Palacio, director general de la compañía.