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Mesa redonda 'Cataluña en (es) España'

"No ha habido una visión estratégica de lo que se estaba cociendo en Cataluña", destacó Joaquín Coll, vicepresidente de Societat Civil Catalana durante el encuentro que tuvo lugar el miércoles en el Círculo Ecuestre de Barcelona.

​El debate suscitado durante la celebración de la mesa redonda Cataluña en (es) España, con motivo de la celebración del XX Aniversario de EL MUNDO DE CATALUNYA, puso de manifiesto que Cataluña precisa del coraje cívico de una parte importante de su sociedad para desenmascarar el discurso dominante, el nacionalismo. "Hemos estado en una especie de juego en que pocos se han creído que esto iba en serio", destacó Joaquín Coll, vicepresidente de Societat Civil Catalana. El historiador acompañó a Félix Ovejero, profesor de Economía, Ética y Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona, y a Arcadi Espada, articulista de EL MUNDO, en el encuentro que tuvo lugar el miércoles en el Círculo Ecuestre de Barcelona. Políticamente, "no ha habido una visión estratégica de lo que se estaba cociendo en Cataluña", añadió Coll.
 
En este sentido, el profesor Ovejero aseguró que se ha llegado a esta situación "con una ingeniería política digna de estudio y la aceptación de los demás de un lenguaje viciado de palabrería vacua -identidad, diversidad, singularidad-" que, además, ha sabido vestirse con argumentos. Y con la que, según Coll, "se han colonizado y subvencionado" a las entidades que configuran buena parte de la sociedad civil catalana. "Se trata de la maquinaria nacionalista", citó el historiador, "que nació en los años 80 con el pujolisme y que se aceleró desde 2012 con la independencia exprés y términos tan seductores como el dret a decidir para implicar a toda la sociedad catalana".  
 
Evidentemente, "no existe ninguna razón que justifique lo que ha hecho el nacionalismo catalán en estos últimos dos años", redobló Arcadi Espada, para quien no hay "razones políticas ni económicas" que sustenten las "argumentaciones que el nacionalismo usa" para librar su batalla. "En Cataluña pasa algo muy simple y duro: hay una parte significativa de la sociedad, que no es ni la mitad de la población y que está protegida por la clase política, que no quiere vivir en España", sentenció Espada. Esa es, a su entender, la raíz xenófoba del soberanismo y que, a la vez, les ha llevado a considerarse "unos indígenas desprotegidos", en palabras de Ovejero.
 
También hubo coincidencia en el debate, moderado por Francisco Rosell, adjunto al presidente de Unidad Editorial, al criticar que la independencia haya invadido la campaña electoral del 27-S. Según Ovejero, se ha cometido un error: "Pensar que llegó un momento en que los catalanes se habían vuelto locos y obviar que el nacionalismo es una ideología perversa". Ante esta situación, hubo reproches para los partidos constitucionalistas, de derechas y de izquierdas, que no han atendido a esa realidad y no han abierto una verdadera disputa política sobre lo que persigue el nacionalismo, liderado por Artur Mas. "No son unas elecciones plebiscitarias, pero la falta de argumentos y de debate político las han convertido en un autoplebiscito", definió Coll. "Se está imaginando y hablando de un futuro que no se tendría ni que plantear", avisó Espada.
 
El articulista ve dos maneras para zanjar la cuestión catalana este domingo: que los catalanes aparquen la frivolidad y se replanteen su verdadero papel social en la democracia española y voten masivamente o, la más preocupante, que hagan suyo un proyecto imaginario y criminal que conllevará un escenario de crisis. Espada abogó por iniciar "un camino largo para que los catalanes puedan convencer a los españoles de su posible autodeterminación con argumentos". Y se preguntó: "¿Si llevan 300 años esperando, por qué no esperar un poco más?".
 
'Será difícil reparar la fractura social'
 
El cierre del debate corrió a cargo del director de EL MUNDO, David Jiménez, quien con una vivencia personal explicó que "uno de los méritos que el independentismo y Artur Mas se llevará consigo es la fractura de la sociedad catalana, antes símbolo de tolerancia, que se ha roto muy fácilmente pero que será muy difícil de reparar". Y en esa tarea se esforzará EL MUNDO, "en contribuir a que esa brecha no se agrande". Como manifestó el presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández-Galiano: "El propósito de Unidad Editorial es contribuir a que impere el sentido común, el buen criterio, y aportar nuestro grano de arena para que en España y Cataluña las cosas discurran bien".Y en el trabajo de informar, al que se refirió Álex Sàlmon, director de EL MUNDO DE CATALUNYA, al explicar el juego de equilibrios que se imponen los profesionales en sus reseñas para dar cabida a la pluralidad.