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David Jiménez, en el Club Siglo XXI

El director de EL MUNDO ha reivindicado durante su intervención los principios editoriales del periódico y la modernización tecnológica emprendida por el diario.

 
David Jiménez ha comparecido en el Club Siglo XXI al cumplir los 100 días al frente del periódico y aseguró que "los cambios en EL MUNDO no han hecho más que empezar". Asimismo, Jiménez afirmó que “la presión que han ejercido los poderes sobre los medios durante la crisis ha sido la mayor en democracia”.  
 
El periodista, ex corresponsal en Asia y heredero del puesto que ocuparon Pedro J. Ramírez y Casimiro García-Abadillo, admitió el “deterioro” sufrido “en los últimos años” por los medios de comunicación y acusó a los “poderes” político y económico de haber “olido la debilidad” de dichos medios de comunicación antes de ejercer su “perjudicial” presión sobre ellos. “Han aprovechado para intentar amedrentarnos”, subrayó.  
 
En este contexto, y en presencia de una dispar representación de la sociedad civil -entre la que se encontraban el director del CNI, el general Félix Sanz Roldán, el ex fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, o la delegada del Gobierno, Concepción Dancausa-, el director de EL MUNDO ha apostado no ya por hacer frente a la presión, sino por contribuir desde su propia cabecera a la “regeneración” del país; lo que, ha añadido, es “una labor que EL MUNDO ha hecho siempre”. El director de EL MUNDO ha estado arropado por el equipo directivo del periódico y de Unidad Editorial, con su presidente, Antonio Fernández-Galiano, a la cabeza.  
 
“No tenemos que ser el cuarto poder sino el guardián de los poderes”, ha declarado Jiménez, al tiempo de prometer que “vamos a seguir siendo el periódico que publique lo que otros no se atreven a publicar”, y ha advertido: “El que busque un periódico militante de un partido o que denuncie la corrupción de una sola formación, tiene legítimo derecho, pero ese periódico no es El MUNDO”.  
 
Y es que, si algo ha “llamado la atención” del nuevo director en estos tres meses de estreno es “la capacidad de El MUNDO de molestar a mucha gente”. “Ha habido días en que se me han quejado todos los partidos”, ha admitido, haciendo partícipe a “empresarios, restauradores o entrenadores” del cotidiano desfile de descontentos por las denuncias periodísticas o las simples críticas.  
 
“Para los que hacemos EL MUNDO, más allá de las cifras de resultados y del recuento de lectores, hay algo importante que no se puede medir en números, y es el proyecto intelectual del periódico. El país está cambiando y nosotros queremos ser parte de esa transformación”, fueron sus palabras.