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Reformar las aulas, transformar España

Pese a diferencias puntuales, los representantes de PP, PSOE, Cs y Podemos atisban, en un foro organizado por EL MUNDO el pasado 8 de octubre, la posibilidad de firmar un gran pacto de Estado educativo

Los principales partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales del próximo 20 de diciembre parecen estar de acuerdo en el diagnóstico: en la España post crisis resulta más urgente que nunca alcanzar un pacto de Estado para la reforma de la Universidad española.
Así lo manifestaron el pasado 8 de octubre en el Encuentro Reformar la Universidad, transformar España, que organizó EL MUNDO con el patrocinio de Gas Natural Fenosa, LIDL y Fundación ONCE. PP, PSOE, Cs y Podemos, representados respectivamente por Pablo Casado, María González Veracruz, Luis Garicano y Carolina Bescansa, coincidieron en que a los campus españoles les hacen falta unas cuantas manos de pintura para poder ser el motor de transformación que necesita nuestro país.
Por supuesto, también hubo lugar para las discrepancias: se le echaron en cara al PP los recortes de la última legislatura y el reciente decreto en el que se priorizan a los candidatos de la casa en las promociones a catedrático; se les reprocharon a los dos grandes partidos sus errores históricos en la definición de la Universidad... Pero lo más significativo del debate fue la coincidencia sobre algunos de los ejes fundamentales sobre los que debería girar la próxima reforma universitaria: premiar la buena docencia e investigación, implantar un sistema de gobierno de los campus más eficiente, promover su apertura a la sociedad y la colaboración con la empresa…
Y lo cierto es que el consenso es aún mayor, ya que los otros representantes del mundo académico, empresarial y científico que participaron en el resto de mesas del encuentro coincidieron en el diagnóstico y profundizaron aún más en el retrato robot de esa futura reforma. Éstas serían algunas de sus principales características.
FINANCIACIÓN
Casi todos los intervinientes reconocieron que los recursos de las administraciones son insuficientes, especialmente tras siete años de recortes relacionados con la crisis. «La inversión autonómica en Universidad cayó de media entre un 18 y un 24% entre 2008 y 2014, decimos que apostamos por el talento, pero los datos lo cuestionan», afirmó Antonio Abril, presidente de la Comisión Académica de la Conferencia de Consejos Sociales.
Diversas intervenciones apuntaron el 3% del PIB como objetivo a alcanzar, aunque en el caso de la investigación, como adujo José Manuel Torralba, director general de Universidades de la Comunidad de Madrid, «el dinero público no va a subir nunca más del 1,5%, así que el resto tendrá que venir del sector privado».
Además, varios de los ponentes subrayaron que la insuficiencia de recursos no explica todos los males del sistema español. Según Adolfo Azcárraga, que fue miembro de la Comisión de Expertos creada por José Ignacio Wert para la reforma del sistema universitario, «la Universidad española podría ser mejor, incluso con la malísima financiación que tiene, pero lo que no vale es el mantra de más financiación y más autonomía: más autonomía y más financiación para hacer lo mismo que se hace ahora, no».
Eso sí, todos se mostraron partidarios de garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a la Universidad que, como le reprocharon a Pablo Casado, se ha deteriorado durante la presente legislatura. «Ha habido un premeditado adelgazamiento en la universidad pública y en el acceso a los estudios superiores», le espetó González Veracruz.
DESREGULACIÓN
España lleva tres leyes universitarias en democracia (1983, 2001 y 2007), en cada una de ellas se han ido endureciendo los requisitos y los controles para acceder a los cuerpos docentes universitarios o, en general, para tomar cualquier decisión académica.
Sin embargo, ello no ha evitado fenómenos como la endogamia o el corporativismo en la gestión. «Hacen falta estrategias más que leyes, visiones que permitan delimitar las discrepancias y, al mismo tiempo, pactar el conjunto de la acción no a cuatro años vista, sino a 25», manifestó Manuel López, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).
Esa desregulación permitiría a las universidades especializarse, decidir qué quieren ser de mayores, y les concedería más margen para hacerlo realidad: libertad de contratación, autonomía de gobierno...
INCENTIVOS 
«Cuando pienso en que a un rector de los actuales se le pueda dar total libertad para contratar profesores, me echo la mano al cinto». La frase es de Francisco Sosa Wagner, ex eurodiputado y catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León. Para contrarrestar ese tipo de temores, el aumento de la autonomía iría vinculado a un complejo sistema de incentivos, como señalaron muchos de los ponentes. Así, buena parte de la financiación premiaría a las universidades con buenos resultados investigadores, un aceptable índice de empleabilidad de sus egresados, u otros parámetros que se pudieran definir políticamente. «Para tener una financiación por objetivos tienes que saber qué le quieres pedir a la universidad, y ese trabajo lo tiene que hacer la clase política», precisó Manuel López.
Además, habría que profundizar en los incentivos que ya existen para el personal docente e investigador a nivel individual, como los sexenios vinculados a investigación demostrables y los quinquenios de docencia que, en cambio, se conceden automáticamente. «En España, el que quiere dar una buena clase la da y el que no quiere, no», denunció Garicano. «El 85% del presupuesto se dedica a la docencia, y nadie sabe lo que pasa en la caja negra de las aulas, donde la aristocracia académica hace en sus clases lo que le da la gana», se secundó Bescansa.
Además, se sugirió la necesidad de superar los escalafones funcionariales que le impiden a España pujar por el talento de nivel internacional. «Se necesita liderazgo, personas que sepan ganar el partido, si queremos competir con los países avanzados como hace en fútbol, y lo cierto es que en España ahora mismo no se puede pagar lo que vale ese talento y ese liderazgo», apuntó Juan Luis Vázquez, catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
GOBIERNO
Diversas voces lo señalaron a lo largo del Encuentro. El gobierno de las universidades no funciona debido a los sucesivos niveles de poder supuerpuestos y al hecho de que los mandatos de los niveles superiores (rectores, decanos…) estén sometidos al voto de los inferiores. «Hay que ir a una reforma del gobierno universitario, los rectores son aficionados de la gestión con magnífica voluntad. Cómo pueden estar al frente de una grandísima universidad», sugirió Sosa Wagner, quien también denunció las «banderías» y el sistema de pago de favores de las elecciones universitarias.
El presidente de la CRUE salió al paso de este planteamiento alegando que «la complejidad de lo que pasa dentro de la Universidad es tan grande que tiene que pertenecer a la institución, aunque provenga de una universidad diferente».
Uno de los debates del día fue, precisamente, si la Universidad española sería capaz de reformarse a sí misma. Bescansa y González Veracruz habían coincidido en que «mejor nos iría si dejáramos que las reformas académicas las hicieran los académicos» o al menos se hicieran con su consenso. A lo que Azcárraga respondió, citando a Ramón y Cajal, que «la única solución sería que el bisturí salvador viniera de fuera».
DESBUROCRATIZACIÓN
De la mano de la creciente regulación de la actividad universitaria, y especialmente al calor del Proceso de Bolonia, se ha desarrollado una asfixiante burocracia y papeleo con los que deben cumplir todos los profesores e investigadores, en detrimento de las horas de estudio y laboratorio.
«La burocracia ahoga a la Universidad española. Existen comisiones verificadoras, comisiones reverificadoras... que no tienen ni idea de lo que hablan y se centran en detalles totalmente accesorios», denunció Azcárraga, por ejemplo, aunque hubo un gran consenso entre todos los intervinientes del encuentro. Además, según Francisco Marcellán, catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad Carlos III, «Bolonia ha provocado una infantilización del aprendizaje».