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Noticias

Pintar, un ejercicio de libertad

Los alumnos de tres colegios madrileños participan dibujando en las páginas que publica hoy EL MUNDO con motivo del Día Internacional del Niño.

​Pequeños de entre ocho y 12 años del Colegio San Patricio, del Colegio Pinar del Rey y del Colegio Palacio Valdés son los artistas de la edición que ofrece hoy el diario EL MUNDO. Los profesores solo pidieron algo a cambio: que los trabajadores de Unidad Editorial aprovecharan la ocasión para explicarles que significa hacer periodismo.
Ellos, los creadores de cada dibujo que el periódico alberga este 20 de noviembre de 2015, son protagonistas del Día Internacional del Niño. Al principio, todos querían dibujar la portada del periódico, pero tardaron poco en darse cuenta de que también es interesante pintar –o vestir– Deportes, Cultura, Comunicación, España y Opinión, entre otras secciones. Por si fuera poco, ayer más de una decena de niños, hijos de los profesionales que cada día construyen este diario, se ocuparon de ultimar cada detalle necesario, empezando por las letras capitulares con las que comienza cada reportaje de este especial dedicado a la infancia.  
Una vez el director, David Jiménez, y los jefes de sección habían decidido qué noticias abrirían la portada de hoy, les tocó el turno a los más pequeños. Como profesionales, se sentaron alrededor de la mesa de reuniones del periódico y decidieron cuáles eran los temas importantes. Eligieron éstos: que ya no había más atentados en París, por qué cambian las hojas en otoño y cómo conseguir que se acabe la violencia de género contra las mujeres. Todo esto después de dibujar durante horas.   Porque pintar, dibujar, coger lápices y echar a volar es la profesión principal de los niños, además de jugar. Una actividad fundamental en la infancia que, sin embargo, se pierde a medida que se crece. Lo explicó con claridad Picasso: «Todos los niños nacen artistas. El problema es cómo seguir siendo artistas al crecer».  
Ahonda en la cuestión el neuropsicólogo Álvaro Bilbao cuando afirma que «parte de los motivos que hacen que los niños pierdan el gusto por el dibujo lo tenemos los adultos. Nuestras correcciones, nuestro interés en que los dibujos sean exactos hace que pierdan parte del disfrute natural de desarrollar la imaginación».
Porque el acto de dibujar es innato. Durante las jornadas de dibujo en los colegios, cuánto más pequeños eran los niños más libres parecían al dibujar. Dice Julio Rey, dibujante en este periódico junto a José María Gallego, que «al niño le gusta dibujar por puro instinto, no necesita que le adiestren, y la educación puede castrar su imaginación». Mientras Rey habla así, a su lado está sentado Ricardo, que también dibuja para EL MUNDO –y para el mundo– y, según él, «las pinturas son un juguete más, como los cochecitos».  
Ricardo ya dibujaba bien cuando era niño y todos los sabían en su escuela. En una ocasión, se celebró un concurso en su colegio y decidió presentarse. «Se me ocurrió pedirle ayuda a mi padre, tenía nueve años, ¡y quedé segundo!». Ricardo ríe. Y Rey describe: «Cuánto más desarrollamos el intelecto, más se merma la capacidad de expresión».  
En la misma línea se expresa la ilustradora madrileña Alejandra Manzano cuando recuerda que, «en épocas de aprendizaje puedes sentir que no eres muy listo en matemáticas, o que tardas en aprender a leer y a escribir, por eso dibujar es una válvula de escape para cualquier niños. Durante un tiempo, nadie juzga si su dibujo está bien o mal, como nadie enseña a dibujar; simplemente coges lápices de colores e intentas traducir la realidad que ves».  
Entonces, ¿en qué momento del crecimiento se pierde la capacidad innata para dibujar? Según Manzano, los niños «dejan de dibujar cuando se dan cuenta de que otros lo hacen mejor o cuando alguien le dice que lo hace mal».  
Bilbao, que trabaja con niños cada día, apunta que «los padres que facilitan el proceso creativo, dando material a sus hijos, apagando la tele para que tengan tiempo de hacer otras cosas y que miran los dibujos no con un ojo crítico, sino intentando entender cómo hizo su hijo el dibujo, están preservando o incluso fomentando la capacidad artística del niño».  
Desde el universo profesional de la ilustración, que lo forman quienes nunca dejaron de dibujar mientras crecían, también se insiste en que son las «reglas establecidas sobre cómo se debe dibujar» las que influyen en el abandono paulatino del dibujo. Así lo considera la ilustradora Judy Kauffman y Miriam Sugranyes considera que «poco a poco se nos va introduciendo en un mundo formal donde las cosas parece que deben ser de una cierta manera». «A partir de aquí, entra en juego el ‘yo no sé dibujar’, que supongo que significa ‘no sé representar de forma fiel el mundo que nos rodea’», matiza.  
Las razones de este progresivo olvido del dibujo las enumera la ilustradora Natalia Zaratiegui: «la muchas veces nula o mal enfocada educación artística, la frustración que genera no llegar al dominio del lenguaje realista y la creencia de que dibujar es algo inútil, que no sirve para nada, si cuando éramos niños nos ayudaba a expresarnos, ¿por qué no ha de hacerlo ahora?».