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RSC: la empresa, hacia el bien común

El IV Observatorio sectorial sobre Responsabilidad Social Corporativa, organizado por Abengoa y EXPANSIÓN, reunió a representantes de compañías punteras en este campo que dieron a conocer su trabajo y próximos retos.

El ideal de empresa del siglo XXI es la que no sólo persigue obtener beneficios, sino la que busca ser, en sí misma, un bien social. La vocación de servicio de las compañías y su poder para contribuir a un futuro mejor ha tomado forma en el área de Responsabilidad Social Corporativa (RSC); un ámbito que está cogiendo peso y en el que se fijan cada vez más clientes e inversores. El IV Observatorio sectorial sobre Responsabilidad Social Corporativa, organizado por Abengoa y EXPANSIÓN, reunió a representantes de compañías punteras en este campo que dieron a conocer su trabajo y fijaron los próximos retos. 

“Es tan importante conseguir el beneficio como la manera en que lo conseguimos”, resumió Francisco Ariza, director de RSC de Ecoembes, una organización que, a través del reciclaje, vuelve a introducir envases en el proceso productivo. “La ética y la transparencia deben estar en la base empresarial”, destacó Ariza. Para ello, mantuvo que es necesaria, “una cultura corporativa que promueva esa manera de hacer las cosas”. Ecoembes, de capital público y privado, interactúa con varios actores: empresas, administraciones públicas y usuarios, por lo que necesita establecer un diálogo. “El nivel de colaboración es especialmente crítico y tenemos que hacer una escucha y una transparencia activa”.​ 

Cristina Moral, gerente RSC de Ferrovial, incidió en la importancia de la comunicación en este ámbito. En su caso, al tratarse de una empresa de infraestructuras, el impacto económico es evidente, pero no el único. Moral incidió en “el impacto medioambiental y social” y, como ejemplo, citó la ampliación en Colombia de la Carretera 80, en la mantuvieron una estrecha relación con los vecinos y donde el resultado fue “un éxito” porque, según Moral, “se mejoraron las condiciones de vida de los residentes, que hicieron suya esa obra”. Esta es una de las razones por las que, sostuvo, “la Responsabilidad Social Corporativa debe una estrategia más de la empresa”. 

La concienciación y sensibilización es otro de los retos de RSC, como explicó Ana Palencia, responsable de RSC de Unilever a nivel europeo: “Nos hemos centrado en nuestras operaciones en fábrica pero hay que ir más allá: hay que educar al consumidor, a la sociedad civil, para que entienda cómo afecta cada gesto al planeta. Tenemos que crear conciencia para conseguir formas de vida más sostenibles”, remarcó.​ 

Impacto en la compañía 

Estos esfuerzos se revierten en beneficios para la propia empresa, según Palencia: “Está teniendo un impacto en el negocio. Las marcas de Unilever con un claro propósito social, medioambiental u orientado a la salud crecen el doble de rápido que los que no lo hacen y son marcas más queridas”, destacó. 

​Estos datos van en la línea del último informe sobre RSC de Adecco, que afirmaba que el 63% de los consumidores españoles está dispuesto a penalizar a las empresas no responsables socialmente y el 50% dejaría de adquirir sus productos. Además, un 13% de los consumidores vertiría una mala opinión en la red sobre las menos comprometidas. 

En este ámbito, la generación de nativos digitales juega un importante papel y Beatriz García Cabredo, directora de comunicación, RSC y relaciones públicas de Makro, se refirió a los millenialls como un recurso que puede jugar a favor de la empresa: “Tenemos una gran oportunidad y no la estamos aprovechando. Hay que convertir a los nativos digitales en nuestros aliados, que sean un canal para difundir todo lo que hacemos, que a veces cuesta transmitirlo”. 

La RSC también incide en el mercado en forma de reputación, y generando un impacto sobre la marca. Germán Granda, director general de Forética y moderador del debate, aseguró que la transparencia y la responsabilidad social “se han puesto en la agenda desde el ámbito financiero” por la atención que los inversores prestan a aspectos no estrictamente económicos. “Para muchas empresas es cada vez más importante el tema social, ambiental y de buen gobierno”, apuntó Granda. Como contrapunto, citó el caso de las emisiones de Volkswagen como uno de los factores “que han puesto en primera línea el asunto de la transparencia”.

Los objetivos sociales

​“Cada vez la línea de Responsabilidad Social está más presente en la conciencia de las empresas”, destacó el subdirector de RSC de Correos, Jesús Evangelio. Pese a la tendencia ahora creciente, esta empresa cuenta con 300 años de historia como servicio público, de los que van más de cuatro décadas colaborando con Cruz Roja España y más de dos con Unicef. 

A finales del siglo pasado, en 1999, Correos implementó el primer programa de RSC con la recogida de material escolar y campañas sociales como “Correos reparte sonrisas”, en colaboración con la ONG Payasos sin fronteras. A nivel internacional, en 2009 acordó un programa para mejorar la gestión ambiental dentro de la International Post Corporation, “un hito” por al que redujeron en tres años un 20% las emisiones. “Esto fue una palanca fantástica, porque hasta entonces no medíamos en este terreno”.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU son en muchos casos una guía para las empresas, que adaptan estas buenas prácticas a su propia naturaleza de una u otra forma. En el caso de Unilever, asigna un objetivo a cada una de sus marcas y lo concreta en campañas adosadas a los productos, como el plan educativo de Signal para cerrar el grifo al cepillarse los dientes, o el de Skip, para ahorrar energía lavando a menor temperatura.

La constructora Ferrovial lleva a cabo “infraestructuras sociales”, como pozos de agua, a zonas desfavorecidas, para lo que selecciona a los trabajadores voluntarios más adecuados para cada proyecto. Mientras que Ecoembes lleva a cabo programas para fomentar el empleo juvenil, desde Makro cuidan la sostenibilidad en toda los puntos de la cadena de producción y, a nivel interno, apuestan por el etiquetado digital, el uso de luz natural a través de claraboyas o el ahorro energéticos son otras de las prácticas con las que cuida el medioambiente también en sus tiendas.​​