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Festa clandestina

EL MUNDO de Catalunya ha celebrado la XV edición de su tradicional fiesta de la noche de Sant Jordi, que se ha convertido ya en un clásico del Día del Libro en Barcelona.

Por Laura Fernández / Barcelona  
 
Y allí fue Troya. El lugar en el que Don Quijote se topó con el mundo real era anoche un puñado de canapés y copas y escritores, editores, agentes, y lectores, ilustres lectores, que se preguntaban si los bolígrafos de Víctor Amela habían dado la talla, siendo como fue, uno de los triunfadores de la jornada. «Lo cierto es», dijo el escritor y periodista, autor de La filla del Capità Groc, Premio Ramon Llull de este año, «que sólo he parado durante dos minutos». Algo parecido le ocurrió a Màrius Serra, que aprendió ayer que «a las blogueras les basta con lucir morritos en las fotos». Y cuando hablaba de blogueras se estaba refiriendo a la ya veterana Isabel Llano, más conocida como Isasasweis, que tiene lectoras que la adoran y le regalan todo tipo de cosas, e incluso lloran al verla, como si fuera algo más que la escritora de su libro favorito, como si fuera su mejor amiga y estuviera pasando por un momento realmente complicado.  
 
Junto a ella pasa el Premio Planeta de este año, Alicia Giménez Bartlett, con su pelo plateado, y, se cruzaba, en el siempre abarrotado pasillo del Speakeasy del Dry Martini, donde se celebraba la tradicional fiesta de Sant Jordi que organiza EL MUNDO de CATALUNYA, y comanda su director, Álex Sàlmon, junto al coctelero Javier de las Muelas, con Toni Hill, que llegaba cargado, con una mochila, «como Tom Sawyer», poco después de que el CEO de Penguin Random House, Markus Dohle, que llegó acompañado de Núria Cabutí, directora general del grupo en España, asegurara, a voz en grito, que aquella era la fiesta («This is THE party!», dijo, textualmente), y se mostrase decidido a exportar la idea a Estados Unidos donde, añadió, «no tenemos fiestas parecidas».  
 
Al poco llegó la académica Carme Riera, que este año no firmaba, pero que sí se hizo con un libro (Historia del mundo contada para los escépticos), y la editora de Albert Pla, Carol París, de Roca Editorial, que dijo que al autor de España de mierda este Sant Jordi le había cambiado la vida, «irónicamente hablando», claro.  
 
Se estrenaban firmando este año Marta Sanz y Sara Mesa, chicas Anagrama, que llegaron junto a Silvia Sesé, su editora, y a las que les hizo especial ilusión firmar un libro «a dúo». Aunque no fue exactamente a dúo. «Llegó un chico con un libro de cada una, y los firmamos a la vez», dijo Marta. Sara, divertida, dijo haber tenido la sensación de que «hay más gente en Barcelona por Sant Jordi que en Sevilla durante la Semana Santa».  
 
Carlos Zanón firmó «algunos libros», pero nadie le había regalado anoche ninguno aún, aunque él sí había regalado uno. «He regalado La confesión de la leona, de Mia Couto», dijo. Ana S. Pareja, editora de Alpha Decay, esperaba que alguien le regalase Paciencia, no la que puede ser infinita, sino la de Daniel Clowes. Y Xavier García Albiol, líder de los 'populares' en Cataluña, se mostraba «encantado» de haber recibido el último de Don Winslow, El cártel, porque «era justo el que quería». Por su parte, Jaume Collboni, concejal socialista en el Ayuntamiento de Barcelona, acostumbra a regalar a sus contricantes políticos un libro cada Sant Jordi. «A la alcadesa, Ada Colau», dijo, «le he regalado una antología de una poeta feminista; a los de la CUP, La virtud de la prudencia; a Alfred Bosch, de ERC, un libro llamado Si el mundo lo gobernaran los alcaldes. Y así todo», dijo.  
 
Patricio Pron, que temió no firmar nada en absoluto, o no firmar lo suficiente, cuando se vio acorralado por dos grandes de las firmas como Eduardo Mendoza y Almudena Grandes, se sorprendía del «carácter tan barcelonés» de la fiesta, que contó con la inestimable colaboración de Torres. A su lado, Andrés Barba, que también se estrenaba ayer con su Risa caníbal, era todo sonrisas. Mercedes Abad recomendaba los relatos de Lucia Berlin, la Raymond Carver mujer, y a los chicos de Vetusta Morla les ha parecido todo estupendo, incluido que su compañero de firmas llamase a sus fans bebés. A Miqui Otero le han confundido con Patricio Pron pero eso no ha impedido que firme un montón de ejemplares de Rayos, su última novela. La editora de Edhasa, Penélope Acero, se ha reencontrado con su profesora de latín en una de las firmas de los autores de la casa, y la de Destino, Anna Soldevila, se sorprendía de cómo todos sus autores, desde Víctor del Árbol a Jenn Díaz, pasando por Alejandro Palomas, habían ido ampliando su campo de batalla, puesto que muchos de los lectores acudían a las firmas «no sólo con sus últimos libros, sino con todos». Faltó Jonas Jonasson, «demasiado cansado» después de un día de tribulaciones y taxis.  
 
En definitiva, un año más, y ya van 15, el Dry Martini acogió el fin de fiesta de una jornada maravillosa.