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Cataluña y Escocia, dos historias comparadas

En la duodécima edición del Foro Catalunya en EXPANSIÓN, el hispanista Sir John H. Eliott rechazó la independencia y pidió reformas que reconozcan la diversidad y pluralidad de España.

 
"A los estadistas de hoy les falta perspectiva histórica". Es la tesis del hispanista vivo más importante, el británico Sir John H. Elliott, que lleva seis décadas dedicado al estudio de la historia de España, especialmente durante la Edad Moderna.

 
"Todos pensamos que, cuando uno ve un problema, se soluciona con la razón, pero ni historiadores ni políticos tomamos en cuenta que muchas veces suele ganar la emoción", aseguró el catedrático, que fue el invitado de la duodécima edición del Foro Catalunya en EXPANSIÓN.

 
En su intervención, consideró que mirar al pasado permite afrontar mejor los desafíos del presente y futuro. En el caso de Cataluña, el movimiento secesionista es un ejemplo contemporáneo con raíces históricas profundas, como el alzamiento campesino en 1640, algo que expone en una de sus principales obras, La rebelión de los catalanes.

 
Elliott expone que en su país, Reino Unido, también está abierto el debate sobre la integridad territorial. El gobierno nacionalista escocés que lidera la ministra principal, Nicola Sturgeon, ha vuelto a reclamar un referéndum de autodeterminación, pese a que perdió el que se hizo bajo la autorización del gobierno británico en 2014. Para el Partido Nacional Escocés (SNP), su propuesta rupturista ha ganado enteros tras iniciarse el Brexit.

 
Elliott trazó paralelismos y diferencias entre Escocia y Cataluña, que expondrá en el próximo libro que está escribiendo. Indicó que, en ambos casos, comparar la historia es clave, y que la mirada al pasado sirve para combatir "mitos".

 
Según Elliott, afirmar que España nunca ha sido plural es una falacia. Según recordó, hay un precedente: la "monarquía compuesta" de los Austrias. Fue un modelo que permitió en su momento "combinar la diversidad con una aspiración centralista", como también lo fue hasta el fin de la Primera Guerra Mundial el Imperio Austrohúngaro, en Europa central.

 
El hispanista aseguró que la Constitución de 1978 fue clave a la hora de alcanzar el pluralismo, al reconocer la diversidad territorial y el autogobierno de las autonomías, aunque admitió que se cometieron "errores" y que en algunos ámbitos se quedó corta.

 
Una de las grandes diferencias entre Escocia y Cataluña es la implicación de sus élites en la gobernabilidad de sus respectivos estados. Elliott lamentó "la falta de participación de los catalanes", ya que sólo ha habido presidentes del Gobierno originarios de esta comunidad en el Sexenio Revolucionario (1868-1874), además de varios ministros. En cambio, en Reino Unido, ha habido "nueve primer ministros escoceses desde 1850".

 
Tras triunfar la Revolución Liberal de 1868, en España nació un nuevo régimen: la monarquía parlamentaria de Amadeo de Saboya. El militar catalán Joan Prim i Prats presidió el Gobierno central durante un año y medio: entre 1869 y 1870. Luego, en 1873, se proclamó la Primera República, y sus dos primeros presidentes fueron catalanes: Estanislau Figueras y Francesc Pi i Margall, que fracasaron en su empeño de federalizar España. Desde entonces, ningún otro catalán ha vuelto a ocupar el cargo.

 
"No sé si en parte es culpa del anticatalanismo o de la propia Castilla, pero hay que cambiarlo",  aseguró el hispanista. "Me hubiese gustado ver un catalán en el centro del poder en algún momento para representar la diversidad y la pluralidad de España", agregó. También hizo un llamamiento a que se impliquen en la gobernabilidad personalidades "con sentido de lo que es una España diversa" y a dar una mayor cobertura a las identidades múltiples.

 
En el debate estuvo muy presente una expresión que a lo largo del Siglo XIX hizo suya la burguesía catalana: Cataluña es mi patria, España es mi nación. El pionero en teorizarla fue Antoni de Capmany, diputado en las Cortes de Cádiz. En la Constitución que impulsaron, la primera que tuvo España, se hablaba explícitamente de "naciones", recordó Elliott.

 
Capmany apeló al sentimiento dual de pertenencia, que fue habitual en el conjunto de la sociedad catalana "hasta los años 60", indicó el catedrático de historia de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Josep Maria Fradera, que agregó: "Los catalanes, los escoceses y muchas otras sociedades del mundo pueden compartir lealtades distintas".

 
Reconocimiento nacional

 
Para Elliott, uno de los errores que cometieron los ponentes de la Constitución de 1978 fue que tuvieron "miedo" a la hora de definir Cataluña como nación, y optaron por una alternativa: distinguir entre nacionalidades y regiones. En cambio, dijo en Gran Bretaña, "siempre" se ha reconocido a Escocia y Gales como naciones, "sin pensar que habría problemas por denominarlas así".

 
Pese a ser "un poco tarde", Elliott se mostró partidario de que en la Constitución haya un reconocimiento nacional de Cataluña. "Sería una fórmula que podría usar un gobierno inteligente para ayudar a la captación de la diversidad", aseguró el hispanista. "No se puede hacer todo uniforme", agregó.

 
Para lograr un mayor pluralismo, el catedrático de Historia del Derecho de la Universidad del País Vasco Jon Arrieta, que es discípulo de Elliott, consideró que en el resto de autonomías deberían haberse aplicado más medidas en defensa de la diversidad. "No se ha hecho casi nada para difundir a través de la enseñanza media el conocimiento" del catalán, el vasco y el gallego, lamentó.

 
El exsenador de CiU Carles Gasòliba puso en valor los diferentes intentos que ha hecho Cataluña para "regenerar" España, aunque la mayoría de ellos no fructificaron.

 
"No ayuda en nada la tradición histórica del poder central, que ha sido muy inflexible", apreció Gasòliba, que lo  atribuyó al desmembramiento del antiguo imperio español, un hecho que ha centrado buena parte de los estudios de Elliott.

 
Regresando al presente, la antigua CDC, ERC y la CUP aseguran que harán un referéndum "sí o sí", pese a que el Tribunal Constitucional (TC) situó su hoja de ruta fuera de la ley. Según el presidente de Ercros, Antonio Zabalza, una disimilitud entre los casos catalán y el escocés es que "en Reino Unido, nadie se siente con la necesidad de defender el marco legal", aunque en este país no hay una ley fundamental por escrito.

 
Según Zabalza, la Constitución de 1978 "necesita ser defendida" ante el plan de los independentistas. Para el presidente de Ercros, su apelación a la desobediencia "hace muy difícil que el movimiento soberanista catalán pueda defender sus fines" y prosperar.

 
Otra diferencia entre el caso catalán y escocés es la demografía. El 13,6% de la población catalana es de origen extracomunitario, lo que, según Zabalza, hace que esta comunidad sea "mucho más heterogénea". En este sentido, la directora general de Esade, Eugència Bieto, subrayó que la "pluralidad" también se da en el origen de los inmigrantes, que llegaron entre finales del Siglo XX y el inicio de la crisis, procedentes de "Latinoamérica, el Este de Europa, Pakistán y el Norte de África".

 
También consideró que el hallazgo de petróleo frente a las costas escocesas, en el Mar del Norte, en la década de los 70, implicó que arraigase la idea de que su economía era autosuficiente, que es uno de los factores que contribuyeron a consolidar al nacionalismo, que en 2007 llegó al poder, bajo el liderazgo del entonces ministro principal Alex Salmond.

 
"Mitos" y "matices

 
"Según Elliott, los estudiosos de la historia no pueden dejarse llevar por los "mitos" y los intereses de los dirigentes políticos del momento. En vez de mirar los hechos del pasado "de manera selectiva", deben ser ecuánimes, ya que la historia no es siempre "en blanco y negro". Precisamente, sus estudios sobre el Siglo de Oro y la decadencia del imperio español fueron claves para que en Europa Occidental, la España de entonces fuese entendida como algo más que un lugar "atrasado y fanático".

 
"Los profesionales serios deben presentar, como he hecho yo, una visión matizada de los hechos, que no es reduccionista", concluyó. En este sentido, lamentó que círculos universitarios nacionalistas den cada vez más importancia a la Declaración de Arbroath, un código que defendía la soberanía de este territorio y que data del Siglo XIV, aunque hasta hace "quince años" era absolutamente desconocido y prácticamente nadie apelaba a él.

 
Para aprender del pasado, Elliott insistió en que hay que analizarlo con regularidad, ya que ello proporciona pistas sobre cómo encarar el presente y el futuro.En este punto, el editor de Edhasa, Daniel Fernández, consideró que "la historia nunca ha estado tan presente en el discurso político pero nunca ha sido tan maltratada". También dijo que en el sistema educativo de España y Cataluña, "ha desaparecido bastante del currículum y se ha convertido en una arma arrojadiza". Prueba de ello es que, según apreció, en escuelas catalanas hay libros de texto que presentan la España del Siglo XIX como un "estado fallido". 

 
"En Escocia no ha pasado, porque el nacionalismo llegó más tarde a las instituciones, pero hay peligro de lo mismo, de deformar la historia por motivos políticos", indicó Elliott, quien se mostró crítico en cómo ha gestionado Cataluña su educación desde que Jordi Pujol accedió a la presidencia de la Generalitat, en 1980. "Se formó una generación con una visión del pasado hasta cierto punto manipulada y deformada", lamentó.

 
El catedrático Josep Maria Fradera lamentó que existan "dos cánones nacionalistas", uno en Cataluña y otro en el resto de España: su discurso es radicalmente opuesto pero en cambio, a nivel formal, tienen paralelismos. "Buscan la adhesión y excluyen las complejidades", concluyó.

 
Para el profesor del IESE Xavier Vives, hay algunas coincidencias entre la Cataluña actual y la de 1640. El 7 de junio de aquel año tuvo lugar el Corpus de Sangre, una sublevación campesina en contra del ejército castellano, y que relata el himno catalán, Els Segadors.

 
Elliott dijo que, frente al relato oficial que se consagró en el SigloXIX y que veía la revuelta con "entusiasmo", no fue el pueblo en su conjunto quien se alzó, sino una parte, lo que hay que tener en cuenta a la hora de analizar estos hechos.

 
Financiación autonómica

 
Una de las reformas que están pendientes es la del sistema de financiación autonómica. Fue uno de los motivos que llevó a la clase política catalana a impulsar la reforma del Estatut, que se aprobó en 2006.

 
Elliott consideró que permitir que Cataluña tuviese una financiación como la foral implicaría "problemas obvios". Sin embargo, criticó el café para todos: "Históricamente, resultó un error". Para Antonio Zabalza, las diferencias entre el sistema de régimen común con el concierto vasco y el convenio navarro son el "germen" del independentismo.

 
Al margen de cuestiones financieras, Elliott pidió grandes reformas, cuyo objetivo debe ser superar el actual clima de pesimismo y la "falta de autoestima", que fueron el mal endémico de la sociedad española durante los últimos dos siglos. Según el hispanista, en la Transición "surgió un optimismo, pero vino la depresión económica y disminuyó".

 
Pese a pedir cambios, Elliott hizo un llamamiento a no hacer tabla rasa de los logros alcanzados gracias a la Constitución de 1978. "Pienso en la España que vi en los años 50, y la transformación ha sido sensacional e increíble", aseguró el historiador, quien agregó que "es uno de los países con más éxito del mundo".

 
 "No se pueden tirar por la ventana" las tres décadas de progreso entre la aprobación de la Constitución y el inicio de la crisis, que fueron para Cataluña "los mejores años de su vida". "Hay que insistir en los éxitos para crear un ambiente en el que se puedan repensar los problemas actuales", concluyó.