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"La semilla del odio"

Mónica G. Prieto y Javier Espinosa nos llevan al Irak comprendido entre la caída de la estatua de Sadam y el ascenso del Daesh con un libro de una cobertura periodística de alta intensidad.

​Pocos periodistas han pasado más tiempo sobre el terreno, se han implicado tanto y han sufrido en sus propias carnes y las de sus amigos las consecuencias de un conflicto atroz. El mundo actual sería imposible de entender sin el cataclismo iraquí desde la época del tirano Sadam Hussein hasta los días de la lucha por Mosul contra el Estado Islámico. Con la distancia que da el tiempo, el lector se sube a su vehículo y recorre aquellas calles de Bagdad llenas de blindados, coches bomba, redadas nocturnas, cementerios llenos, secuestros y torturas en las cárceles.

"La semilla del odio (Debate)", el nuevo libro de Mónica G. Prieto y Javier Espinosa tras "Siria, el país de las almas rotas" analiza, con ritmo de cobertura periodística de alta intensidad, la voladura descontrolada de un país con toda su población en el plazo que va desde la caída de la estatua de Sadam (el 9 de Abril de 2003) hasta la proclamación del califato del Daesh por parte de Al Bagdadi en la gran mezquita de Mosul (29 de junio de 2014). Si cada generación de corresponsales tiene su guerra, aquella que destaca sobre todas las demás, Mónica y Javier han escrito sobre la suya.

«Hacíamos rotaciones de tres meses en tres meses, con lo que pasabas medio año en Irak», cuenta Javier Espinosa, corresponsal de EL MUNDO en Asia. «Eso es impensable hoy». Junto a él se sienta, durante la entrevista, Yaroub, el que fue su intérprete durante aquellos años, hoy exiliado en Noruega desde que recibió en su buzón una carta con cuatro balas. «Dos años después de la invasión de EEUU, en el año 2005, recuerdo que un día Mónica me preguntó, mirando un mapa de Bagdad, donde estaban los barrios suníes y chiíes. No lo entendí, porque todos vivíamos mezclados. Meses despues comenzó la violencia sectaria y entonces comprendí su pregunta». Después Yaroub fue detenido y torturado.

Para Mónica G. Prieto, colaboradora de EL MUNDO, el libro es «la crónica de las oportunidades perdidas, porque pudo hacerse bien y se hizo horrible. Y nadie ha pagado por ello. Esta guerra abonó el caos actual». Javier Espinosa apunta: «Si Estados Unidos se hubiese propuesto adrede sembrar la anarquía en toda la región, no lo hubiera planeado mejor. Se pasó de la dictadura al caos, porque el primer gran error fue permitir el pillaje. Los militares estadounidenses no decretaron la ley marcial y con ello permitieron que Bagdad fuera saqueada. Un simple toque de queda hubiera evitado la desaparición del país en pocos días». Yaroub, su intérprete de aquellos tiempos, comenta: «La semilla del odio tiene una cosecha amarga».

Ambos miran y escuchan a Yaroub con respeto reverencial. «El libro es un homenaje a aquellos conductores y traductores, tres o cuatro personas clave, que se jugaron la vida por nosotros y no tenían porqué hacerlo. Hoy son parte de nuestra familia. El dinero nunca podía pagar ese riesgo», comenta Mónica G. Prieto.

En tiempos de 140 caracteres y tertulianismo vacío, un trabajo sobre el terreno, tan intenso, a veces doloroso, tan documentado y a veces tan personal, resulta extrañamente reconfortante: «Por eso no se venderá demasiado», bromea Mónica G. Prieto. Espinosa concluye: «Una vez que el Estado Islámico emergió en Siria empezamos a atar los cabos. A estos los habíamos conocido en Irak. Y entonces el trabajo anterior que hicimos sobre el terreno cobró sentido para el libro».