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Una consulta "no vinculante y pactada" para la DUI

Esta fue la principal declaración del catedrático y exconsejero de economía entre 2003 y 2010 en Cataluña, Antoni Castells, en la celebración de la decimoquinta edición del 'Foro CATALUNYA EN EXPANSIÓN'.

​La celebración de una “consulta no vinculante” sobre la independencia y un nuevo modelo territorial, que ofrezca una solución “bilateral” y “particular” a Cataluña, son las dos grandes bazas de la propuesta que hace el catedrático y exconsejero de Economía entre 2003 y 2010, Antoni Castells, que formó parte de los gobiernos presididos por Pasqual Maragall y José Montilla.“

“Canadá y Reino Unido afrontaron sus problemas con Quebec y Escocia de esta manera, y por cierto, ello ha permitido rebajar la pulsión independentista en los dos territorios”, expuso el exconsejero, en la decimoquinta edición del Foro CATALUNYA EN EXPANSIÓN.

“La única solución que me parecería razonable y que permitiría mantener a Cataluña dentro de España es algo así como un estatuto específico para Cataluña”, agregó el exconsejero y catedrático de la Universitat de Barcelona (UB).

“Los que queréis una tercera vía, defended la consulta”, indicó el exconsejero. “Sólo si ésta aparece como inevitable existe alguna posibilidad de que se ponga sobre la mesa una propuesta que sea realmente aceptable para una amplia mayoría de catalanes, es decir, superior a los que quieren la independencia” en la actualidad, señaló.

Castells, que ha centrado su trayectoria académica en las haciendas federales y en el estudio y evolución de las balanzas fiscales en España, recordó que la Constitución es muy explícita a la hora de no dar cobertura legal al derecho a la autodeterminación. Sin embargo, sí que permite celebrar referéndums “consultivos” sobre aquellas “decisiones políticas de transcendencia especial”, como señala su artículo 92.

“Si de forma reiterada y claramente mayoritaria parte de un territorio manifiesta su apoyo a esta opción, habrá que ver cómo se resuelve políticamente el problema”, apuntó Castells. Destacó que sólo con la perspectiva de que pueda ganar la secesión “es posible que desde Madrid se estuviera dispuesto a negociar alguna cosa seria” en lo relativo al encaje de Cataluña.

Para Castells, la consulta no vinculante que defiende es “muy distinta” de las dos votaciones que ha organizado la Generalitat sobre la secesión en el 9 de noviembre de 2014 y el pasado 1 de octubre, porque se trata de una consulta pactada y no convocada unilateralmente. El exconsejero resaltó que el objetivo de su propuesta no es la ruptura, sino plantearla “como palanca que puede desbloquear el problema”.

El exconsejero puso deberes a la clase política catalana y también a la del resto de España. A esta última, le instó a mover ficha, y reconocer que Cataluña requiere de un “estatuto especial” y una “solución asimétrica”, algo que cabe perfectamente en la actual Constitución.

A los dirigentes de las formaciones catalanistas, les emplazó a “reagrupar fuerzas, en torno al objetivo de la consulta pactada” con el Estado, frente a la unilateralidad que ha guiado a la antigua CDC, ERC y la CUP en los últimos cinco años.

También agregó: “El problema de la tercera vía no somos los catalanes; el catalanismo, durante 150 años, no ha sido más que una propuesta permanente” que iba en este sentido. “¿España está dispuesta a aceptar una tercera vía de verdad? Tengo mis dudas. Tal vez sea factible, pero sólo bajo la presión de una consulta no vinculante en la que, si no se propone una alternativa mínimamente atractiva, existen serias posibilidades de que pueda ganar la opción por la independencia”, reflexionó.

En todo momento, Castells manifestó su oposición a la unilateralidad. Explicó que la declaración secesionista que los partidos independentistas impulsaron en el Parlament el 28 de octubre ha sido un “fiasco total”, y atribuyó buena parte de la situación a la vía unilateral emprendida por el expresidente catalán Artur Mas ya en 2012, cuando pactó la investidura con ERC a cambio de convocar un referéndum y decidir fecha y pregunta de una consulta en el plazo de un año.

Para Castells, hay que “reconstruir” y recoser el catalanismo, frente una estrategia unilateral que, “desde el primer día”, él consideró errónea. De hecho, recordó que los partidarios de esta opción no han alcanzado el 50% del electorado y que tampoco han tenido ningún apoyo internacional. Su propuesta, que por ahora su antiguo partido –el PSC– no asume como propia, generó un amplio debate entre los miembros del Foro.

¿Coser o descoser?

El presidente y consejero delegado de Ercros, Antonio Zabalza, que fue secretario de Estado de Hacienda durante los gobiernos de Felipe González (PSOE), defendió la democracia “representativa” y abogó por amplios consensos. “Insistir en referéndums va a hacer que el Gobierno central se sienta más débil” en una eventual negociación, indicó.

Según Zabalza, los referéndums “tienen costes económicos y sociales muy altos”, y tanto el 9-N como el 1-O han sido “episodios traumáticos”. “No creo en el referéndum como instrumento útil, lo veo más bien como algo perverso que tiene una multitud de inconvenientes, y más que solucionar problemas, creo que los acaba agravando”, señaló.

El director del Instituto Von Mises, Juan Torras, consideró que “una consulta no vinculante podría ser una alternativa”. La directora de la Barcelona Graduate School of Economics (Barcelona GSE), Teresa Garcia-Milà también defendió esta vía: “Hay que hacerla, la sociedad catalana en estos momentos la necesita para poder avanzar, sería inteligente plantearla con una propuesta desde el Gobierno”.

El profesor de economía de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), José García Montalvo, consideró que “la amenaza de la declaración unilateral de independencia no ha funcionado” ya que, en estos momentos, Cataluña no sólo tiene más competencias, sino que su autogobierno ha sido intervenido tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución. “No queda otra salida que un referéndum, para que, como en Quebec o Escocia, haya una probabilidad para que el problema pueda disiparse”, agregó.

Castells también consideró que las tres formaciones que hasta ahora han defendido la secesión unilateral –la antigua CDC, ERC y la CUP– deberían exponer claramente qué harán si tras el 21-D mantienen su actual mayoría en escaños en el Parlament. “¿Insistirán en una vía unilateral? ¿El objetivo sigue siendo una república? ¿La consideran proclamada o no?”, se preguntó el exconsejero. “Hasta el día 22 de diciembre seguirán existiendo grandes incógnitas y no estoy seguro que después las cosas se aclaren; sin embargo, es imprescindible cerrar el paréntesis de inseguridad e incertidumbre en el que estamos instalados”, manifestó.

El catedrático de la UB destacó que ahora mismo, este debate queda en un segundo plano, ya que el “programa inmediato” de los secesionistas es otro: poner fin a la intervención de la autonomía catalana y acordar una amnistía para los exconsejeros y los dirigentes de las entidades secesionistas que siguen encarcelados en Soto del Real, Estremera y Alcalá Meco (Madrid) por el 1-O.

Según el presidente de Miquel y Costas, Jordi Mercader, en las elecciones “no podemos esperar resultados muy distintos de los que hay ya”. Por ello, este directivo invitó a todos los partidos a reflexionar sobre qué pasos darán el día después de los comicios. Para Torras, hay un dato que será clave: “Hay una parte del electorado que se siente huérfano”, y que no comparte la secesión unilateral, pero tampoco la respuesta que han tenido hasta ahora las instituciones estatales ante las demandas rupturistas.

Cohesión social

“Soy pesimista”, señaló el presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, Daniel Fernández. “Tenemos un problema entre catalanes, es ahí donde discrepo de la consulta”, destacó el también editor de Edhasa, quien lamentó que el procés haya partido por la mitad a la sociedad catalana y haya generado una gran crispación.

Castells se mostró partidario de “evitar la fractura” y destacó la responsabilidad que durante el franquismo y la Transición tuvieron los partidos de izquierdas en Cataluña, que siempre apelaron a la unidad cívica de todos los catalanes con independencia de su lugar de nacimiento. Precisamente, ve fundamental recuperar la unidad del catalanismo en torno a unos objetivos ampliamente compartidos, y que son la consulta, y no la independencia, y un cambio radical en las relaciones entre Cataluña y el resto de España.

Castells destacó que siempre se debe poner en valor el “pequeño milagro” que supone que Cataluña sea un territorio bilingüe: “Flandes y Valonia no lo son, en Ginebra no se habla alemán ni en Zúrich, francés; la persecución del castellano es una leyenda”.

Para el abogado y fiscalista Heribert Padrol, “la agenda política a corto plazo es un enorme problema”, dijo. En este sentido, señaló que el 1-O ha reforzado las expectativas electorales del PP, y auguró que un adelanto de los comicios generales es una opción que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tiene sobre la mesa.

Según Juan Torras, “hay falta de entendimiento porque no hay un sustrato común” entre los políticos catalanes y los del resto de España. Castells evidenció que en estos momentos hay “dos relatos”, que son “antagónicos”, y que se están consolidando en ambos territorios.

“Involución autonómica”

Sobre el relato “interpretativo” que está arraigando en el resto de España, Castells indicó que se basa en dos vectores: afirmar que la presencia del Estado en Cataluña ha sido insuficiente desde la Transición y que el nacionalismo ha sido “desleal”, porque “ha adoctrinado” a la ciudadanía haciendo un uso ilegítimo de las competencias de la Generalitat, sobre todo en educación y medios de comunicación. “El corolario será una involución autonómica, una variante del método habitual aplicado históricamente por el nacionalismo español para resolver el problema catalán: el asimilacionismo”, afirmó.

Según el catedrático, las acusaciones de “nazis” o “fascistas” que se han lanzando unos y otros en las últimas semanas suponen un gran obstáculo al diálogo. Destacó también que la respuesta “asimilacionista” que gana adeptos en el resto de autonomías nunca ha dado resultados en Cataluña, y prueba de ello es que las demandas de autonomía continuaron pese a las cuatro décadas de franquismo. Destacó que ahora hay una diferencia: una mayoría del catalanismo que ha virado hacia la secesión, algo que no había ocurrido en 150 años de historia, puesto que este movimiento siempre había acompañado sus reivindicaciones territoriales con un programa reformista a nivel nacional.

Teresa Garcia-Milà pidió “inteligencia” al Gobierno, y le instó a poner sobre la mesa que una propuesta que mayoría de catalanes pueda considerar “razonable”. “No hay respuesta”, lamentó esta catedrática, que pidió al PSOE más concreciones.

Castells lamentó la “falta de sentido de estado” del PP. También tildó de “represiva” la respuesta que ha tenido la justicia ante el 1-O y consideró que gracias a los encarcelamientos, “el independentismo tiene hecha la campaña” del 21-D, con “un factor emocional muy potente, que interpela a muchos sectores de la sociedad catalana, y no sólo a los independentistas”.

“El PP ha utilizado tácticamente a Cataluña”, y su receta de “españolizar” a su población sólo logrará “alimentar la espiral independentismo”. “También ha fracasado la vía que pretende usar la ley como una jaula que imposibilita la solución de os problemas”, aseveró. “Esta vez tal vez permita ganar el primer round pero no la batalla ya que, a la larga, alimenta la idea en Cataluña de que la única salida es la independencia”, afirmó.

En este punto, el presidente de Mediolanum, Carles Tusquests, se preguntó qué papel puede jugar la UE para facilitar el diálogo y Padrol destacó que las penas de hasta treinta años que pueden tener los imputados por el 1-O son “una distorsión notable del funcionamiento del Código Penal”. “Vuelve a reforzar la idea que muchos tenemos de que esto es un asunto político”, señaló. Zabalza apuntó que “no es gratis alterar el orden social y utilizar la economía para avanzar con fines políticos”.

El presidente de Ercros fue más allá y consideró que, antes del 1-O, “Barcelona estaba luchando por pertenecer a la liga de las ciudades mundiales y a raíz de este proceso acabará en una situación más bien provinciana”, ante la diáspora empresarial que arrancó a principios de octubre. Recordó que implicará una reducción de directivos en la ciudad, que “ya tenía un mercado muy estrecho para los profesionales liberales altos”.

“No nos podemos permitir una larga etapa de turbulencias”, concluyó Castells, quien subrayó que el debate no es si una eventual Cataluña independiente es económicamente viable” . “El problema no es la viabilidad económica, sino la política, y los costes económicos del conflicto político”. Su pronóstico no invitó al optimismo: auguró que tras el 21-D “el mapa político quedará muy parecido”. “No veo que el independentismo plantee un proyecto viable y quienes tendrán enfrente basan su relato en la involución”, señaló. “Hay una parte de la sociedad que se siente muy huérfana políticamente”, y de ahí su apelación a la responsabilidad.