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Los Reyes visitan el 'stand' de EL MUNDO en ARCO

Don Felipe y Doña Letizia han conversado durante la inauguración del certamen con la fotógrafa Isabel Muñoz, protagonista de la instalación del diario, y la comitiva de Unidad Editorial.

​Los Reyes de España han inaugurado este jueves la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCOMadrid), acompañados de José Guirao, ministro de Cultura; Ángel Garrido, presidente de la Comunidad de Madrid, y Martín Vizcarra, presidente de Perú, el país invitado en esta edición del certamen.  
 
Don Felipe y Doña Letizia han visitado el stand de EL MUNDO, que este año está protagonizado por la fotógrafa Isabel Muñoz, y han saludado al director del diario, Francisco Rosell, y a la delegación de Unidad Editorial, encabezada por el presidente, Antonio Fernández-Galiano, y el director general de Publicaciones, Aurelio Fernández. 
 
La propuesta de Isabel Muñoz para el diario de Unidad Editorial se centra en su trabajo más reciente y experimental en torno a la cultura japonesa, una de las más antiguas y espirituales. Su obra trata de romper con los iconos, con una determinada idea de la belleza, alejada de los planteamientos habituales, y en dirección a una búsqueda global, la del ser humano, y la de un territorio, el mundo. 
 
Con esta propuesta en ARCO, EL MUNDO, que este año celebra su 30 aniversario, muestra una vez más su compromiso con el universo del arte y la cultura como instrumento de transformación social, un componente que ha acompañado a este diario a lo largo de la historia del certamen.  
 
 
La cámara, un "objeto ritual" 
 
"La cámara es un objeto ritual", explica Isabel Muñoz en una entrevista a EL MUNDO. "Con la fotografía he aprendido a ser yo. Y algo aún mejor: he aprendido a decir no", asegura la artista. 
 
El stand del diario de Unidad Editorial en ARCO se estructura en torno a un espacio cerrado que alberga una instalación interactiva. En el interior, una pantalla exhibe una serie de vídeos programados aleatoriamente, de forma que la experiencia de cada espectador es única. Las proyecciones están interpretadas por performers de coreografías en torno a tres claves, el desastre, la muerte y el renacimiento, en alusión al cambio climático y a la interacción humana con el planeta. 
 
En las paredes laterales del espacio, así como en los paneles exteriores, se exponen platinotipias de gran formato con una temática que oscila en torno al butoh, una puesta en escena espiritual que nació de la mano de Hijikata y Kazuo Ohno tras los horrores de la bomba atómica. El butoh retoma el dolor provocado en Japón tras la Segunda Guerra Mundial, aunando actuación y danza, desasosiego y armonía, sufrimiento y belleza. 
 
 
El 'butoh' como movimiento sociopolítico
 
"El butoh no es sólo una danza, sino un movimiento sociopolítico que rompe todos los protocolos sociales de Japón, empezando por las teorías de género, además de intentar contravenir el poder y desacatar ciertas leyes estrictas que consideraban inaceptables en el siglo XX", destaca Muñoz. 
 
"Este acercamiento me ha generado un entusiasmo que aún estoy canalizando. Volveré a ellos, a los bailarines de butoh, porque además es una tradición que se está perdiendo. Los bailarines de hoy están más conectados con la danza contemporánea, así que estamos asistiendo a la desaparición de una de las expresiones corporales más insólitas que conocemos", asevera la artista. 
 
Los grandes negativos de acetato crean juegos de sombras y texturas al ser expuestos a la luz de dos proyectores, produciendo un efecto de sonido y movimiento similar al de un temblor de tierra o un maremoto, con distintos shomyos (música litúrgica budista) que acompañan a la experiencia multisensorial. 
 
Otras obras expuestas, muchas de ellas realizadas bajo el agua, con el cuerpo humano y los plásticos desechados como leit motiv, simbolizan el día y la noche en el contexto en el que se inscriben las fronteras contemporáneas de lo humano. 
 
"Hace tiempo que buscaba hacer algo en fotografía con bailarinas debajo del agua. Alguien me habló de la invasión de plástico en el Mediterráneo y en todos los mares y la amenaza que eso suponía. El mar es la memoria de los pueblos y lo estamos arrasando. De ahí que una parte de esta serie de trabajos tenga que ver con la denuncia de una degradación", señala Muñoz. 
 
La fotógrafa despliega una sensibilidad especial ante todo lo que ve. "Yo necesito amar para lanzarme al mundo, aunque eso me ocasione problemas. No puedo ser imparcial ante lo que veo. Cualquiera de las mujeres u hombres que fotografío podría ser yo", explica. Y añade: "Aunque rechace a quien tengo delante de la cámara intento no odiar. Ni siquiera juzgar. Me limito a entender, a aprender a entender. Lo que sé del mundo es un regalo que me ha hecho la fotografía. Sigo descubriendo cosas y cada día más fascinada por aquello que aún queda por contar. Es una forma de educar y mantener la esperanza, que es otra de las emociones que estamos perdiendo en nuestras sociedades". 
 
Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) está considerada una de las grandes expertas de las platinotipias, impresiones en platino cuya belleza y permanencia hacen de la obra una pequeña joya para los amantes de la fotografía. Estas copias se caracterizan por una amplia rendición de tonos, que parte del negro cálido y se expande en una amplia gama de matices grises, con una sutil reproducción de luces. Tras más de una década de investigación, ha logrado incluir el color en este proceso, lo que constituye un punto de inflexión en la historia de esta faceta artística.