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La artristis reumatoide, a examen

La remisión de los síntomas de esta patología, que en España afecta a unas 400.000 personas, fue el objeto de debate de una charla organizada por YO DONA y la plataforma CuídatePlus.

​"Todo empezó con un dedo que me dolía, que se me quedaba rígido. Los médicos me decían que era un esguince, me lo entablillaban y para casa, a la espera de un nuevo brote. Llegó un momento en que no era capaz de escribir, de mover los dedos... Hasta que un día, en Urgencias, el doctor que me atendió me dijo que tenía que ir a la reumatóloga. De esta forma fue como supe que aquel esguince era, en realidad, artritis reumatoide". 
 
Así recuerda Jessica González Betanzos su primer contacto con la enfermedad. Tenía sólo 18 años y en aquel entonces pensaba que la artritis reumatoide era "algo de personas mayores". También creía que jamás se le pasarían esos dolores, que nunca volvería a vestirse sin ayuda, ni a sujetar la cuchara y el tenedor sin sufrimiento. Pero hoy, a los 34, un tratamiento le permite hacer vida normal. Ha tenido un bebé, es profesora, va al gimnasio y hasta ha recorrido la San Silvestre. "La artritis no ha podido conmigo", dice. 
 
Todo esto lo cuenta en el transcurso de una charla, organizada por YO DONA y el portal de internet especializado en salud CuídatePlus, en la que se quiso poner en el escaparate la realidad de la artritis reumatoide, una enfermedad que afecta a unas 400.000 personas en España -de las que tres cuartas partes son mujeres- y para la que todavía no hay cura. 
 
Participaron también Susana Romero, jefa del Servicio de Reumatología del Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra, y la doctora Cristina Macía, reumatóloga del Hospital Severo Ochoa de Madrid. Con ellas se vio la importancia de que entre paciente y especialista se establezca un diálogo fluido que ayude a manejar la enfermedad y a conseguir el objetivo final: la remisión. 
 
La primera idea que surge es la de la confusión existente en torno a esta patología. "Se confunde con artrosis y se piensa que está ligada a la vejez, cuando, en realidad, es una enfermedad que puede presentarse a cualquier edad. Lo más habitual, de hecho, es que se diagnostique a partir de los 40 años", explica la doctora Macía. También se tiende a pensar que sólo afecta a las articulaciones y, aunque es cierto que sus manifestaciones visibles se presenten en manos, muñecas y pies "se trata de una enfermedad autoinmune sistémica, que puede afectar a cualquier órgano, y no sólo a las articulaciones", apunta la doctora Romero. 
 
Siendo una patología para la que no hay cura, el objetivo clave es la remisión, la ausencia de síntomas, que desaparezcan el dolor y la inflamación, que la analítica sea normal, pero sobre todo, que el paciente viva como si no tuviera la enfermedad, sin limitaciones. Es un gran reto, ya que, según los datos preliminares del barómetro AR 2020, publicados por ConArtritis, pese a los avances, todavía cuatro de cada 10 pacientes necesitan ayuda para realizar las actividades cotidianas, y el 29% sufre limitaciones en el trabajo. 
 
Para conseguir este objetivo es importante que se diagnostique con prontitud y, explica la doctora Macía, "que la población sepa que no debe resignarse y aceptar sin más que es normal sentir dolor en manos y articulaciones". En este sentido, señala la doctora Romero, un síntoma de alerta es "un dolor de tipo inflamatorio que es más acentuado en reposo (o al salir del reposo, como cuando nos levantamos por la mañana) y que se acompaña de una rigidez articular de duración superior a media hora". 
 
Tras el diagnóstico, queda recorrer el camino para encontrar el tratamiento ideal que aproxime al paciente a ese estado de bienestar en el que no tenga percepción de enfermedad. Pero es importante recordar que la remisión no debe ser la fotografía de un instante, sino que ha de mantenerse en el tiempo. "No basta con que la analítica salga correcta y no haya inflamación. Hay que seguir preguntando a los pacientes cómo están, qué sienten y, sobre todo, si pueden hacer la misma vida que hacían antes". Por eso es tan importante esa estrecha relación entre el paciente y el reumatólogo, una relación, concluye la doctora Romero, "en la que debemos aprender a escuchar, porque el paciente siempre tiene razón".